jueves, 27 de diciembre de 2007

Mi 2007 en música

Diciembre es tiempo de listas: de regalos y deseos, de gazapos cometidos y propósitos de enmienda, de metas ambiciosas para el año que se avecina… Y en revistas, estaciones radiales e Internet, es la ocasión de hacer un recuento de los mejores libros, discos, películas, atuendos, novedades tecnológicas, etc., del año. Sin pretensiones, he aquí un repaso —en estricto orden de aparición— de las adiciones que 2007 le trajo a mi modesta colección discográfica (de antemano pido disculpas por la anglofilia, lo mainstream, lo noventoso de los hacedores y lo limitado de los estilos, pero uno no manda sobre sus gustos).

The Good, The Bad and The Queen/The Good, The Bad and The Queen (Parlophone/Virgin/EMI). Pese a la perniciosa influencia de The Clash en algunos cortes, el resultado —para quienes no conocimos a The Clash en su apogeo— es atmosférico, apaciguador, perfecto para estos tiempos de música “portátil”, en los que cada quien puede armarse su propia banda sonora, clavarse los audífonos y sentirse protagonista de esa película improvisada que son los itinerarios citadinos cotidianos. Caracas no es Londres, pero la música es un lenguaje universal, así que… Temas favoritos: “Kingdom of Doom”, “Herculean”, “Behind The Sun”, “Three Changes”

Los Paranoias/Hey! Dónde están Los Paranoias? (Independiente). Segundo y variado disco de esta banda criolla, indudablemente influida por The Beatles. También suenan a ratos como Pacífica, como La Puta Eléctrica, como Los Tomates Fritos… Y como Los Tres. En fin, Los Paranoias merecen el éxito que ha tenido. Me hacen sentir orgullosa de la producción nacional (hecha con las uñas, dada la ya tradicional indiferencia de las disqueras ante la escena local) y desear que en los próximos años haya mucha más música de esta calidad. Temas favoritos: “No lo vas a creer”, “Sólo quedas tú”, “La ida, el flash y el escarabajo, “Si no está nunca saldrá

Tori Amos/American Doll Posse (Sony). Otro esfuerzo kilométrico, pero se sobrelleva mejor que sus dos fárragos anteriores. Es una vuelta a las raíces (en especial, al nunca bien ponderado Boys for Pele, oscuro pero con garra). Me encantaría que, para la próxima, esta alocada pelirroja se quedara con sus hadas irlandesas, sus fantasías y su tono confesional, e hiciera a un lado las invectivas contra George Bush jr., la personalidad escindida y esos numeritos de relleno con menos de dos minutos de duración. Temas favoritos: “Body and Soul”, “Code Red”, “Beauty of Speed”, “Smokey Joe”

The Bad Plus/Prog (Heads Up). Elasticidad del jazz, madurez del rock, adopción de nuevos estándares. Antes: Nirvana, Abba, Pixies, Aphex Twin, Black Sabbath… Ornette Coleman… Vangelis… ¡Y hasta El Imperio Contraataca! Ahora: Rush, Bowie, Bacharach, Tears for Fears… Este virtuoso trío va a la médula de los originales, toma el riesgo de su deconstrucción y los convierte en algo completamente nuevo y apasionante. Y por si fuera poco, demuestra una gran inventiva a la hora de crear sonidos originales. Temas favoritos: “Physical Cities”, “Thrifstore Jewelry”, “Tom Sawyer”, “1980 World Champion”

Queens of The Stone Age/Era Vulgaris (Interscope). Durante las primeras audiciones no me hizo mucha gracia, pero luego le fui agarrando el gusto. Y tuve que admitirlo: en su más reciente entrega, mi venerado Josh Homme cumplió una vez más la meta de no repetirse. Además, se hizo a una banda estable con la que ha ido por el mundo dando conciertos bárbaros (verbigracia, Werchter 2007). QOTSA ha tocado este disco en vivo, en acústico, en televisión, armados de bastón, etc. Incluso lo intentaron en un centro de rehabilitación. Ahora sólo esperamos con fervor que ese insistente rumor sobre la reedición de las Desert Sessions en un box set se materialice. Temas menos favoritos: “Misfit Love”, “River in the Road”

Velvet Revolver/Libertad (RCA). Independientemente de lo que opine la crítica, prefiero este trabajo a su debut, Contraband, cuyos temas aparecen amazacotados y brumosos en mis recuerdos. Libertad suena mucho más variopinto y, a la vez, más coherente. La banda parece integrada, equilibrada, más ellos mismos (o sea: ni demasiado Guns and Roses, ni demasiado Stone Temple Pilots). Ojala no sea éste su canto del cisne, como le ocurrió a Audioslave, que hizo su mejor disco para despedirse. Temas favoritos: “Get Out The Door”, “American Man”, “Mary Mary”, “Spay”

Garbage /Absolute Garbage (Almo Sounds). Aunque su contenido ya era harto conocido, una de las compilaciones más esperadas (sobre todo por mí, que, pese a disfrutarlos bastante, decidí no comprar ninguno de sus discos y aguardar a que algún día escogieran sus grandes éxitos y los amalgamaran en uno solo para llevarlo a casa). Y ya que la esperamos tanto, ¿por qué no comprar la edición que incluye un cd adicional de remixes? Hum. Mala idea. El disco de remixes no es alucinante, y ni siquiera subsana decentemente la torpeza de no haber incluido Androgyny en el recopilatorio. Temas NO favoritos: los remixes (¡exijo un reembolso!).

Charlie Hunter/Místico (Fantasy). Copperopolis (su trabajo anterior) tiene el sabor reposado, cool, irónico, de los sesentas, y la base funk de los setentas. Pero en Mistico, despojado de las intensas filigranas que añaden los instrumentos de viento… Oh, Charlie rocks! Su manera deliciosa de explayarse en la guitarra me recuerda por ratos a los trabajos en solitario de Jimmy Page y a las mixturas epilépticas de Mars Volta. ¿Qué puedo decir de Hunter, que no haya dicho antes, al referirme a The Bad Plus? Amo estos músicos fronterizos que irritan a los puristas por su naturalidad para balancearse entre el rock y el jazz. Temas favoritos: “Speakers Built In”, “Drop a Dime”, “Spoken Word”, “Mistico”

PJ Harvey/White Chalk (Island). Lo primero que dije al tenerlo en mis manos fue: “¿Ah?”. Aunque estaba acostumbrada a los experimentos con los empaques de Pearl Jam, me sorprendió encontrarme con este disco enfundado en un sobrecito de cartulina, como si se tratara de un LP en miniatura. En todo caso, el minimalismo del exterior se hace eco de la belleza simple de su contenido. Es la Harvey en su veta más tétrica y, paradójicamente, suena adorable. La ferocidad ha sido reemplazada por la dulzura, y la convulsión, por la quietud. No será su mejor disco, pero sale bien librada. Temas favoritos: “Grow Grow Grow”, “When Under Ether”, “To Talk To You”, “The Mountain”

Radiohead/In Rainbows (Ato Records/Red). Para mí siempre fue un momento de júbilo entrar a una discotienda y comprar lo nuevo de Radiohead. En otras palabras: me llevaría cualquier obra suya con los ojos cerrados, porque con ellos no le temo a la decepción. Tal vez por eso —y porque soy anticuada, medio ludita y fetichista con los discos compactos y me gusta verlos alineados en el estante— me deprimió un poco tener que descargar In Rainbows de la web, como cualquier material silvestre que tuviera planes de curiosear, mas no de comprar. Le he hecho una especie de cenotafio, a la espera de su versión física, que ya tiene fecha de lanzamiento: el 1º de enero del 2008. No tiene desperdicio. Temas favoritos: todos.

Nirvana/MTV Unplugged in New York (Universal). Este DVD es el tristón Dr. Jekyll, mientras que Live! Tonight! Sold Out! se me antoja el descontrolado Mr. Hide. Me parece insólito haber tenido que esperar catorce años para tener una copia decente del mejor show “desenchufado” de la historia (¿acaso alguien recuerda uno mejor antes? ¿O después?). Sin embargo, la espera ha valido la pena: me conmovió tanto como en 1994, cuando apenas tenía trece años y, en mi trágica visión adolescente, pensé que con el fin de Cobain también había llegado el fin de la música (ni que decir que estaba equivocada). Elemento favorito: la mirada azul del extinto Kurt Cobain.

Seguramente me he perdido de algunos discos brillantes (Kneebody, Silverchair, el de Robert Plant y Alison Krauss, etc.) pero prometo ponerme al día en el 2008.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Indulgencia navideña


Pues sí: la niña de mi relato anterior creció (ojo: no era yo, sino una chiquilla hipotética, simbólica, como la de ese viejo comercial del jamón Plumrose). Y descubrió que el divino repartidor de regalos no era tal, que de eso se encargaba su mamá (lo cual explicaba que no siempre le hubiera traído lo que pedía en las cartas). Eventualmente, cuando dejó su casa, se convirtió en su propio “Niño Jesús”, que era la manera más segura y expedita de obtener lo que quería. Más tarde comprendería que la gracia no era comprarse lo que quería y colocarlo bajo su árbol (a lo Mr. Bean), sino recibir de otros, ser sorprendida por otros, saber que otros pensaban en ella... pero eso ya es otra historia.

En general, la Navidad es la excusa perfecta para que nos consintamos un poco, para que transijamos con los demás y hagamos cosas que ni de broma haríamos en otro momento del año, por no estar imbuidos de tan alegre espíritu.

La indulgencia y el olvido del mundanal caos (aunque sigamos habitando en él) son las notas distintivas del frenesí que el 24-D provoca en buena parte de la Humanidad. “Es Navidad”, decimos a modo de “abracadabra” para permitirnos un poco más en la dieta, en los gastos, en los gestos, etc. Nos inspiramos para caligrafiar una docena de tarjetas para amigos y parientes sin repetirnos. Perdonamos con mayor facilidad un pisotón o el choque con un transeúnte distraído. Le dejamos el vuelto al taxista con una sonrisa, “para que se tome un café” (bueeeno, nunca falta un Ebenezer Scrooge que exije hasta el último céntimo o pide rebaja). Le echamos una llamadita a esa tía abuela medio sorda a la que sólo visitamos en año bisiesto. Armamos una cesta de comida para algún necesitado. Bailamos con un(a) prim@ fe@. Nos volvemos inusualmente optimistas, manirrotos, altruistas, hedonistas… En el mejor de los casos, sí, porque nunca falta alguien para quien estos días no significan mayor cosa, o incluso lo deprimen (verbigracia, Charlie Brown).

Quizás he aludido mucho al dinero, pues es lo que más se mueve en estos días. Pero sé bien que la Navidad no se trata de eso. No olvidemos cuál es el verdadero milagro de estas fechas. Enloquezcamos, sí, pero teniendo muy en cuenta al prójimo, la importancia del calor humano, la fraternidad, el cariño. Aunque el panorama luzca complicado, dirijamos la vista hacia la luz por unas horas, transmitámosle alegría a quienes nos rodean y recuperemos —si es que lo hemos perdido— el entusiasmo que el nacimiento del Niño Dios despertaba en nosotros cuando éramos pequeños. ¡Feliz Nochebuena a todos!

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Un cuento de Navidad

Érase una vez una niña muy buena que esperaba con gran fervor la llegada del Niño Jesús, a quien si bien no se le conocía mochila, bolsillo oculto, ni transporte de encomiendas alguno, se le creía encargado —según la tradición venezolana— de proveer los regalos de los niños en Navidad. Todo fue bien hasta que, yendo un poco más allá de su alegría por la expectativa de recibir un obsequio largamente anhelado, la dulce criatura le dijo a su mamá:
—Mami, el Niño Jesús le trae regalos a todos los niños del mundo, ¿verdad?
—Ajá —dijo la mamá, sin prestarle mucha atención y, por tanto, desprevenida ante el trancazo que se le avecinaba.

—Pero, ¿quién le trae al Niño Jesús su regalo de Navidad?


Peliaguda interrogante. Si la señora respondía que “Papa Dios”, “la Virgen María” u otro adulto, estaría dándole pistas a su hija para que coligiera que “el Niño Jesús” era, en realidad, su propia madre. Si le decía que Santa Claus, podría causarle una terrible confusión religiosa. Tampoco le podía explicar el argumento teológico: “Dios es la primera causa de todas las cosas, la que no necesita a su vez una causa para existir” (era demasiado pronto para esas profundidades). Así que se decidió por la respuesta más sensata. Optó por la verdad:
—Nadie.


¿Cómo que nadie? ¿O sea que el que repartía y repartía (incluso más que el Kino) al final se quedaba con las manos vacías? Hum, sonaba demasiado injusto.
Como la niña era tan buena y dulce, y no podía concebir al Niño Jesús sin carrito a control remoto, sin tobo de Lego o sin siquiera una maraquita de colores, llegó a la conclusión de que se trataba del niñito más pobre del mundo, porque no tenía quien le diera un juguete en Nochebuena. E intentó convencer a su mamá de que comprara un juguete para dejárselo bajo el árbol a modo de intercambio… Lo cual, por supuesto, nunca sucedió, porque la madre contaba con un presupuesto limitado, que a duras penas abarcaba los deseos de sus tres hijos.

“Nadie”, había dicho la madre. Pese a lo traumática, esa era la mejor definición de adultez que se le podía dar a un niño. Una profecía: “Y un día serás independiente, sí, tanto que tendrás que velar por ti mismo y no podrás esperar que alguien más resuelva tus problemas o satisfaga tus necesidades. Ya no serás un mero receptor, sino un dador, y no deberás esperar mayor cosa a cambio. Pagarás impuestos. Te convertirás en tu propio Niño Jesús y en el de otros”.


“Cuando eres pequeño y has ido a algún lado con tu papá y tu mamá —le explica Charlie Brown a Peppermint Patty a la sombra de un árbol—, y es de noche, y regresas a casa en el auto, puedes dormir en el asiento trasero. No tienes que preocuparte por nada… Tu mamá y tu papá están en el asiento del frente y ellos se encargan de preocuparse. Ellos cuidan de todo. Pero no dura mucho. De repente, has crecido y no puede ser así de nuevo. ¡De repente, eso se acaba y nunca más podrás dormir en el asiento trasero! ¡Nunca!”. Para hacer más terrible la metáfora, Charles Schulz comentó alguna vez que
los adultos están condenados a viajar en el asiento de enfrente para siempre.

Es encantador oír a un niño diciendo que “quiere ser grande YA” o que “cuando sea grande quiere ser (o hacer)…”. Pero mentalmente, los que ya llegamos allá sabemos como termina la frase: “Cuando seas grande, ya no podrás gozar de los privilegios de ser pequeño, así que, ¿para qué la prisa?”. Disfruta tus regalos, tómate tu vaso de leche, roba corazones de señoras y sé impertinente mientras puedas.


domingo, 16 de diciembre de 2007

Autorretrato 1: Soy callada

Oh, soy callada, qué crimen (no perpetrado), qué pecado (por omisión). A veces lo que no se dice es más grave que lo que se grita, que las opiniones largamente sostenidas y la espontaneidad desbordante. A veces callando se hace más daño.

Oh, soy callada, soy malvada porque callo. Y cuando me retrucan, oh, qué terrible se siente, qué clara es esa indiferencia que blanden contra mí los locuaces, un mutis de salón de té.


Podría obtenerse un negativo de mi vida registrando todo lo que he dejado de decir. He claudicado ante lo que las palabras no pueden expresar, el vacío, la distancia absoluta respecto a todos los puntos. Siempre he estado lejos.


Habiendo tantos mudos que desearían hablar, yo callo. Todos tienen algo que decir, menos yo. Pero la palabrota más sonora yo la sé: es un silencio obsceno, insultante, que degüella a los necios y corta la leche.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Perversas formas de cooperación


Desde hace algún tiempo he venido meditando sobre una amplia gama de convenios inusuales, cuyo final no siempre se presagia tan feliz como su comienzo. A saber:

Tontina ("o donde sólo sobreviven los más ambiciosos", diría Darwin). Esta invención del banquero italiano Tonti (que de tonto no tenía ni un pelo) consiste en un fondo creado con el aporte monetario de varias personas, con la condición de repartirlo en una fecha específica del futuro a aquellos que hayan sobrevivido. Eso desatará los demonios, pues entre menos sobrevivientes haya, los dividendos serán más jugosos (al respecto, hay un capítulo de los Simpsons, tremendo, como todos los capítulos de los Simpsons). Supongo que también se puede llevar a cabo sustituyendo el capital por un secreto. Eso lo haría más emocionante... y más peligroso.

Carpool (apiñados como en el Metro, pero en la comodidad de tu carro). Arreglo que supone el uso alternado de los automóviles de un grupo de amigos o vecinos para acudir al trabajo cada día, con el consiguiente ahorro de combustible y descongestión de las vías (desde luego, hay que plantearse una ruta para ir distribuyendo los "paquetes", según el horario y la distancia). Puede ser voluntario u obligado por la implementación de un día de parada en la localidad.

Hace poco leí que, para no sentirse amenazado, el ser humano necesita una distancia perimetral mínima de cincuenta centímetros con respecto a los otros seres y objetos: ello explicaría el comportamiento paranoico de algunos carpoolers y, en general, la falta de sosiego de quienes habitan en las grandes metrópolis. Será pura suerte que no se maten luego de haber recorrido juntos unos cuantos kilómetros cada mañana (y si llueve, o si el hampa arrecia, para colmo de males habrán tenido que hacerlo con las ventanas cerradas).


Piezas de piano a cuatro manos (o como dicen las abuelas: "Muchas manos ponen el caldo morado"). He aquí otro de los tantos cotos cerrados que se han profanado en nombre del arte para hacer alarde de grandeza técnica. En sus sueños, Mozart debe haber visto un pulpo castigando magistralmente el teclado, y maravillado de su habilidad para no enredar los tentáculos, se dijo: "Si el puede hacerlo, yo también puedo". O quizás, en una fiestecita, un manco se puso al piano y, dirigiéndose a otro manco a grito pelado, le dijo: "Hey, ven aquí a hacer el acompañamiento, que yo tocaré la melodía". Sea cual sea el origen histórico de esta faena, si no se piensa usar dos instrumentos es indispensable mantener una buena higiene de las axilas para no ofender al "acompañante".

Coautoría: textos en colaboración (antes, libros; ahora, también blogs). ¿Alguna vez han intentado escribir un comunicado, un discurso o una nota de pésame entre dos o tres personas? O, peor aún, ¿un poema? Así se trate de una sola cuartilla, la experiencia puede ser una pesadilla para quienes no están animados por el gregarismo, la paciencia y la disposición al sacrificio. No sólo debido a la apreciación subjetiva que todos tenemos sobre los aspectos formales de la escritura (la Real Academia de la Lengua proporciona los lineamientos básicos, pero, al final, cada quien hace lo que mejor le parece), sino por las disputas que pueden causar los matices de fondo, los temas y la manera de abordarlos. Porque detrás de cada mano hay una cabeza, y cada cabeza es un complicado mundo. Y porque en el teclado de una computadora no es posible "tocar piano a cuatro manos" (a riesgo de quedar lesionado como en un juego de Twister). El secreto es negociar para no matar al otro.

Cadáveres exquisitos (bellos, encantadores, ingeniosos y fútiles como otros tantos aportes del surrealismo). Para ser honesta, tengo mis dudas sobre los cadáveres exquisitos como forma de
colaboración. Ciertamente, del esfuerzo de varios seres surge un solo producto, articulado por la frágil telepatía del azar y, por ello, desprovisto de las limitaciones de los convenios anteriores... Pero la mayor de esas limitaciones, "alcanzar un mínimo acuerdo", es lo que le daría rango de "cooperación", ¿no? En todo caso, la paradoja no lo despoja de su valor de ejemplo para una convivencia ideal: que cada quien pueda expresar lo que le plazca, y que esa expresión pueda tener su propio lugar y sea valorada como parte de un conjunto.

Baños entre dos cuartos (cuando el cartelito de "Men working" se combina con el de "Do not disturb"). Está muy claro: aquí la colaboración radica en abstenerse de entrar y mariposear con el cepillo dental o el secador de pelo mientras el otro, en su plena majestad, está ocupando el trono o la ducha (recuerden lo de los cincuenta centímetros y la amenaza al espacio vital). Y mucho menos, ponerse a dar conversación, comentando noticias de deportes o de asesinatos, o contando chistes malos. Ah, es un verdadero reto impuesto por la civilización (y por ciertos arquitectos imbéciles).

Programas de concursos donde los participantes juegan en equipos (Fuenteovejuna, todos a una). El Telematch —esa añeja parodia de los torneos medievales en los que varias localidades alemanas se enfrentaban entre sí— es una forma paradigmática de cooperación... Y a gran escala, a juzgar por los "muñecotes" que empleaban en los juegos.

En general, en esos programas de concursos donde se enfrentan equipos enteros, no pocos participantes conocen la frustración de fallar miserablemente a pesar de sus mejores esfuerzos. Cuando les lanzan una pregunta y los pobres no tienen ni idea o contestan mal, haciéndole perder puntos (o incluso el premio gordo) a los suyos, no es difícil imaginar el linchamiento al final de la emisión. Y si se trata de una familia, pues...

Si conocen o se les ocurren otras formas de cooperación "inusuales", son bienvenidos a sumarlas a la lista.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Modelos botánicos de crianza

Las similitudes entre las plantas y los seres humanos —como en el caso de la mandrágora— resultan curiosas, dado que aparentemente no tenemos nada en común. Pero si nos fijamos bien y tratamos de establecer algunos símiles…

Con o sin intención, algunos padres crían a sus hijos como bonsáis, mimándolos demasiado para que no crezcan jamás. Otros los crían como cactus, intocables. Gracias a la buena alimentación, amor, atenciones (y herencia, sin duda), ciertos chicos crecen como secoyas, altos, titánicos, fuertes. Están los que muestran mucha actividad, debido a los tropismos, y los que prefieren la vida monástica, ser plantas de sombra (puede que les venga de familia, o que sea un asunto de personalidad).

¿Cuántos padres no se preocupan al ver que los jardines de sus vecinos florecen, mientras el suyo permanece "pasmado"? Con frecuencia es una percepción subjetiva y despiadada: el jardín de enfrente luce mejor debido a la falta de aprecio que sentimos por el nuestro. Pero cuando la percepción se ajusta a la realidad, surge la pregunta: "¿Por qué me habrá tocado esta tierrita yerma a mí?". En otras ocasiones, son las plantas las que se quejan amargamente de sus jardineros.

Hay quienes son premiados por la vida con jardines exhuberantes; en tanto que otros tienen apenas una o dos plantitas modestas. Los que abundan en flores y frutas se la pasan preocupados por la acción de los pájaros. Otros esperan ver grandes resultados, aún sin haber sido magnánimos con el agua, el abono, los cuidados y la luz solar… Y luego hablan entre dientes de "rama torcida", de "mala hierba" y cosas por el estilo.

Más que de botánica, es una cuestión de eugenesia: cada quien hace lo que puede como puede, aunque todos coinciden en que siempre podría hacerse un poquito mejor.


martes, 4 de diciembre de 2007

¿Qué más quieren? Es Gibson, es azul y se afina sola


El milagro. Este viernes, Gibson lanzará al mercado una edición limitada de la primera guitarra con auto-afinación del mundo: la Les Paul azul con acabado “silverburst”. En tan sólo dos segundos, su tecnología robótica hace el tedioso pero indispensable trabajo que ha disuadido a unos cuantos de seguir una carrera musical (incluyéndome).

Los culpables. La legendaria Gibson Guitar Corp. aporta las niñas y la compañía alemana Tronical GMBH ofrece el Powertune, el agregado robótico en cuestión.

El cómo. El sistema de afinación Powertune abarca tres elementos: el puente, las clavijas y un botón integrado para tal fin junto a los tradicionales controles de volumen y tono. Luego de activar el susodicho botón y rasgar las cuerdas, la guitarra reconoce el tono y el procesador —¿ubicado en el puente?— le envía una señal a las clavijas para que aprieten o aflojen las cuerdas según sea necesario, logrando una afinación perfecta (uff, en el video explicativo, las seis giran simultáneamente, como si estuvieran embrujadas).

El beneficio para la Humanidad. Una nota publicada por AP sugiere que los que más agradecerán este invento serán los principiantes “inspirados-pero-lerdos”. Los profesionales no se quedarán atrás: en adelante, cuando requieran de una afinación distinta en pleno toque, no tendrán que cambiar de instrumento. Según la gente de Tronical, será “el fin de las sorpresas desagradables en materia de afinación y el advenimiento de una flexibilidad artística sin precedentes”.

El cuánto. Bueeeno... $ 2500 no es precisamente el precio de una guitarra para principiantes... Sobre todo, considerando que el Powertune cuesta $ 900 adicionales. Que no se lo piense dos veces quien los tenga en el bolsillo y aspire a convertirse en una gloria del rock sin contratiempos… Pero si la vocación musical no es firme, será mejor chequear un modelo más económico.

En cuanto a mí, ¿será muy tarde para rehacer mi carta de peticiones para el Niño Jesús?

sábado, 1 de diciembre de 2007

Malinterpretación del signo o del arcano

Barajita repetida (el que no la tenga, que lance la primera piedra): asumir —por un error perceptivo, del sentimiento o la intuición— que una persona o situación está ahí o se nos muestra de una cierta manera por una razón que no se corresponde con la real. Podemos confundir una mirada, un gesto, una presencia entera, una palabra... La malinterpretación es tan libre como la interpretación. La vida se sirve del entrevero y del mampuesto, así que pocos elementos pueden considerarse definitivos, explícitos, literales. Su significado subyacente puede revelarse más tarde con claridad, o no emerger nunca, dejándonos en ascuas.