martes, 27 de mayo de 2008

La chica de los cascabeles

En esas bandas de antes, ella era un mero zarcillo, el epítome de los elementos decorativos (si fuera machista, diría que un ama de casa resulta cien veces más útil, pero una mujer machista es aún peor que una mujer feminista, ¿no creen?).

¿Y quién es ella? Pues… Cualquiera que toque la pandereta y se tongonee como si estuviera en trance, al ritmo de la canción, o chasquee los dedos, o castigue las “tablas”, o unas maracas puramente incidentales —o cualquier cosa prácticamente inaudible o simbólica— en una agrupación musical.

La armónica pasa, pero si no se te da, amiga, mejor procúrate un puesto honroso, entre bastidores o alrededor, como técnico afinador, coach vocal, financista, cocinera o algo así. En el peor de los casos, puedes probar como recogecables o un roadie, en vez de insistir en permanecer adentro como un miembro “de utilería”.

Es mejor que digas que eres la relacionista pública de la banda, que proporcionas ideas para los temas, o inspiración. Pero eso de hacer el paro por nepotismo, por lástima, por los favores sexuales otorgados al líder o al manager (o a ambos dos inclusive)…

jueves, 22 de mayo de 2008

El solipsismo de André Breton


“(…) Huysmans, casi el único autor del que pienso que en realidad ha escrito para mí y que, si yo no hubiera debido existir, quizás no hubiera sido lo que es”.

André Breton en una carta a Simone Collinet (1927)

sábado, 17 de mayo de 2008

Homme is my mommy

Hoy está de cumpleaños Josh Homme, “The Ginger Elvis”, lo mejorcito que ha salido del desierto en las últimas décadas (oh, sí, como guitarrista de Kyuss, levantaba monzones y despeinaba a media California cada vez que encendía su amplificador) y, junto a su banda, Queens of The Stone Age, uno de los últimos héroes del rock.

Sin esperar que estén de acuerdo conmigo en este punto (por mucho que lo amemos, tenemos que aceptar que Cobain es polvo cósmico, y Bono no cuenta), presento aquí una lista personal de razones para admirarlo:


1. Por haber traído un aire positivo a la escena musical de finales de los noventa y reanimado a quienes vestían esa camiseta que reza: “El rock no está muerto… Bueno, casi”.

2. Por hacerse ubicuo y reputado, alentando las colaboraciones entre músicos de primera y sosteniendo varios proyectos paralelos a QOTSA, con buenos resultados.

3. Porque hace música sexy (pssht, ¿cómo pude pensar lo mismo alguna vez de los Stone Temple Pilots? Y en todo caso, ¿de qué sirve el arrepentimiento retrospectivo?).

4. Por su gancho melódico y por la vulnerabilidad que su voz le aporta al denso sonido de su banda.

5. Porque que es versátil y toca la guitarra como los dioses.

6. Porque muestra respeto por lo que hace y por su público.

7. Por su tremenda imaginación musical y el compromiso autoimpuesto de no repetirse.

8. Por su actitud y su humor agudo.

9. Por su rubicundo metro noventa y seis (y su atractivo aspecto de leñador noruego).

10. Por su esposa, Brody (clon de Courtney Love), que algún talento debe tener.


(Y un largo etcétera).

Josh dixit…

“Tal como yo lo entiendo, tu obligación es tocar tu música favorita, la que nadie más toca, así que tienes que hacerlo. Y mi música favorita es adictiva, caprichosa, artísticamente ostentosa, oscura, sorprendente, pesada, fenomenal, suave, emocional, pero no emo. Usa suéter porque hace frío, no por un asunto de estilo”.

“Esta banda siempre ha estado en contacto con su lado más suave. Somos como Sears”.

“¡Coser es lo mejor! Puedo sentir que mi frecuencia cardíaca se aminora cuando lo hago. Y me olvido de todo lo demás. Es genial cuando vas de gira, en el autobús” (acerca del hobby que halló luego de probar la inutilidad de la terapia para el manejo de la ira).

“Nunca antes he tenido nada tan pequeño en casa. Una vez vinieron dos enanitas para mi cumpleaños, pero eran mucho más grandes de lo que ella es ahora” (sobre su hija, Camille Harley Homme).

“Cuando quieres oír algo que rockea, ¿no quieres oírlo duro, poniendo a todo dar las cornetas? Pero eso no significa que no pueda ser también lindo y dulce. Yo mido un metro noventa y pico, pero estoy en contacto con mi lado femenino. El rock perfecto es lo suficientemente pesado para los chicos y lo bastante dulce para las chicas”.

“Todo el mundo sabe que bailas como tiras, que bailas como tiras, que bailas como tiras… Vamos, nena, deja que te vea bailar” (cancioncita improvisada que se lanzó en Werchter 2007, mientras tocaba Feel Good of The Summer).

Me gusta Astrud Gilberto, me hace sentir como si estuviera cocinando y bailando con una copa de vino en la mano” (al preguntársele si solía escuchar música latina, a propósito del lanzamiento de Era Vulgaris).

“Más que tocar en una banda que esté en el tope del mundo, me estimula la posibilidad de estar tocando al tope de mis habilidades. Nadie puede establecer estándares más altos que los que yo me pongo”.

“Me gustaría ser recordado por llevarle productos de calidad a gente de calidad. Algo así como vender leche”.

viernes, 9 de mayo de 2008

Ex condiscípulos sorprendidos en su buena fe

Entre el kinder y segundo grado estudié con una niña muy sui generis, llamada Karla (el apellido no lo recuerdo, faltaría más). Esta imposible criatura traía de cabeza a maestras y condiscípulas por igual, pues era incapaz de permanecer sentada o callada por más de cinco minutos (un temprano síntoma de hiperquinesia). En mis vívidos recuerdos, me sale al paso cuando menos me lo espero con la cara manchada de Pintadedos, cual jefe apache... O se levanta en mitad de la clase y empieza a correr entre los pupitres, con la lengua teñida de azul, amenazando con rayar nuestras blancas camisas con sus marcadores.

(Antes de que lo pregunten, se los aclaro: yo no asistía a una escuela para niños especiales).

Esta señorita era, simplemente, el bufón que no puede faltar en ninguna clase. No me extrañaría que haya terminado de artista. Ya ni señorita debe ser. Con algo de suerte (y considerando sus antecedentes), aparecerá degollada en una cuneta, en medio de la guerra no declarada que supone la inseguridad en Caracas. O podría haberse ido a vivir a Chile y andar ahorita en un corre-corre por el malestar estomacal del volcán Chaitén (hum, no, esa no es Karla, sino Olga, otra ex condiscípula, hija de chilenos, que se perdió tempranamente del mapa).


A veces resulta sorprendente averiguar (queriendo o sin querer) en qué devino algún compañero de escuela. Luego de compartir tantas horas (de nervios, travesuras y descubrimientos) de nuestras vidas, como los niños más normales del mundo, crecemos, nos graduamos y cada quien sigue su camino. La mayoría se construye vidas corrientes, pero de toda camada “convencional” siempre saltan uno o dos que, al reaparecer en nuestro radar...

“Ja, ¿quién lo hubiera dicho? Pelolindo concejal” (al toparse en la calle con el afiche del galancito metido a político que se postuló para las próximas elecciones).

“Miren a la mosquita muerta, pues…” (al verla en una página de sociales, vestida de novia y con un marido tan bello y de tan buena familia, uno no puede menos que...).

“Ah, por eso se la pasaba escribiendo esos poemas incomprensibles sobre muerte y oscuridad/dibujando esos monstruos tan asquerosos al final de los cuadernos” (el que se convirtió en literato suicida, pianista esquizoide, violador o cualquier otro caso clínico).

“Uff, esta es una prueba de la Injusticia Divina. ¡Nadie se imagina lo fea que era...! Pero yo voy a buscar unas foticos que tengo por ahí guardadas y las voy a mandar a un periódico de circulación nacional, para echarle una vaina” (la muchachita amorfa y narizona pero voluntariosa, que con los años y la cirugía se volvió bonita y bien proporcionada, y terminó de presentadora de televisión).


“Nooo... ¿Este es el mismo gordinflón dientefrío con el que siempre me caía a golpes en el recreo?” (el geniecillo asmático que enflaqueció, se hizo la ortodoncia, supervisó la construcción de una obra descomunal y ahora preside el Colegio de Ingenieros).

“Estábamos en la misma clase y, ciertamente, se quitaba la camisa o los zapatos y corría por los pasillos dando alaridos pero nunca sospeché que estuviera tan frito” (un terrorista, una estrella de rock, un actor porno o un sindicalista demasiado alebrestado).

“Bicho, ¿qué le pasó a la reinita? ¿Le hicieron brujería? ¿Se tomó un jugo piche? La pobre parece una chancha ojerosa” (la madrina del salón, de la que todos hacían los mejores augurios... y terminó gorda, con el pelo quemado, secretaria de ministerio y casada con un mamarracho con el que engendró cuatro mamarrachitos).

Estas y otras cosas deben pensar algunos cuando se enteran por la prensa, la tele o el Internet de los últimos pasos de un viejo camarada (léase: asesino en serie, presidente de algo, miss o puta a tiempo completo, enfermero de la Cruz Roja, mesonero apuñaleado, monje budista, etc). Y es que, así como hay algunos que desde muy temprano dan muestras de lo que serán, otros son silenciosas bombas de tiempo.


¿Y qué decir de esos colegios o universidades excelsos”, que paren promociones enteras de futuras celebridades? Al otro día leí la entrevista que le hicieron a uno de estos tipos, quien modestamente aseguraba que "casi todos sus ex compañeros de salón ocupan puestos clave de la vida nacional, porque fueron educados para destacar, reinar, figurar, tener éxito", y qué se yo. Estos payasos están tan convencidos de que su misión en la Tierra es ser excelentes y notorios que hasta dan risa.

Yo sólo puedo alabar el poético encanto de la gente mediocre y anónima. Y pienso en lo aburrido que debe ser un reencuentro de ex alumnos en el que todos son ricos, famosos y operados. Sin contrastes, la cosa no tiene gracia.

jueves, 1 de mayo de 2008

En la oficina: otro test relámpago


Escrito por Irvine Welsh: “Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo”. Hum… ¿Será que ambos entrañan una agnada esclavitud? ¿Será esta una definición de “nerd”? Y, en definitiva, ¿será bueno o malo habernos adaptado armónicamente a algo a lo que el sistema esperaba que nos adaptaramos?

Conozco una larga lista de defraudados, de gente dulce y bien intencionada que adoraba la escuela y terminó ocupando cargos mediocres (que, por supuesto, detestan)... Así como no pocos casos de precoces enemigos de la tiranía escolar y sus métodos, que, sin haberse aplicado mucho, hoy son felices figuras de éxito y despiertan la envidia de sus ex condiscípulos más fajados.

Claro que también están aquellos a los que la escuela les importaba un bledo, y su trabajo actual, pues... tampoco les quita el sueño. Esos deben ser los más felices, los que no se pegan de nada, porque comprenden que todo es circunstancial, que casi todo es un medio y no un fin, y que el aprendizaje es un proceso muy pero que muy personal, que cada quien debe encargarse de completar -o complementar- a lo largo de su vida.