Ya lo habrán oído antes: “Mamá, yo quiero saber / de dónde son los cantantes”. O: “Mamá, ¿de dónde vienen los niños?”. Pues bien, mi pregunta es una variante sobre las anteriores. Remitámonos a una imagen vernácula: en toda fiesta siempre hay alguien que por petición popular se pone a echar chistes con la facilidad y soltura de quien hace churros, bien sea porque es muy bueno en la faena y se lo piden expresamente, porque se sabe muchos y no puede perder la oportunidad de lucirse o, simplemente, porque es compadre del dueño de la casa y tiene encima unos tragos de más. Yo me declaro ajena a todas esas categorías y, si alguien me invita a intentarlo, declino amablemente la oportunidad, pues jamás he sabido contar un chiste con sal, aunque puedo reconocer uno bueno y reírme con ganas.
Pero al ver a chistosos, chistófilos o chistólogos tan prolíficos y exitosos en su “labor”, suelo preguntarme de dónde salen los chistes. Son como cotufas, como ratas, te los sacan hasta de las orejas. ¿Acaso habrá gente dedicada exclusivamente a pensar cada día en un nuevo chiste? ¿Cómo se difunden? ¿Quién fue el primero en la historia que contó un chiste? ¿Eso le habrá concedido alguna clase de prestigio social? ¿Cómo es que alguien puede ganarse la vida echando chistes, a veces, de lo más vulgares? ¿Puede considerársele a esto una ocupación "seria"?
El chiste es una forma delimitada y portátil del humor; tan manoseada como los billetes (y a veces, tan falsa, pero, ¿a quién le importa?), va de mano en mano, resucitándonos del marasmo en que a veces deviene nuestra cotidianidad y conectando las mentes más disímiles y las clases sociales más irreconciliables por obra de la risa. La comicidad debe ser un rasgo de personalidad o un don divino.
El humor, en cambio, parece derivar de nuestra capacidad racional, tal como se ha comprobado en los casos de esas personas que, tras ser operadas de algún tumor o por haber sufrido algún accidente, pierden la capacidad de comprender y formular comentarios graciosos o sarcásticos. ¿Qué es "gracioso"? ¿Qué lo define? ¿Cómo lo identifica nuestro cerebro? Si, como dicen por ahí, "cada cabeza es un mundo", ¿cómo es que mundos tan diferentes se sacuden espasmódicamente al unísono ante ciertos comentarios o relatos? ¿Cómo es que a veces lo "chistoso" está en la mera forma, y otras, en el contenido?
La ubicuidad (y la adicción que nos crea a algunos en sus vertientes más oscuras) me hace sospechar la existencia de algún componente "instintivo", que al igual que el sexo, le confiere al humor ese carácter universal, de juguetico de la especie. Quizás se debe a las endorfinas que ambos nos hacen liberar. ¿Acaso habrá algo en nuestras células o en nuestros genes que nos predestinen a disfrutarlo?
Para algunos, los chistes son una religión; para otros, un gusto culposo. Lo que cuenta es que unos y otros aflojen la carcajada a tiempo.








