lunes, 22 de febrero de 2010

Ellos morían y yo acababa de cumplir años (y X): Andy Warhol (1928-1987)


“Un artista es una persona que produce cosas que la gente no necesita, pero que —por alguna razón— piensa que está bien proporcionárselas a los demás”, declaró alguna vez Andy Warhol. En su caso, esa razón (o, más bien, esa sinrazón) acabó cotizándose a precios exorbitantes.

La eternidad de Andy debe ser tan precaria como lo fue su existencia, así que cabe hablar de él como si jamás hubiera muerto. Vive en el cuento del traje nuevo del Emperador, en cada cosa "pop", en cada episodio mordaz, en cada bofetada de guante blanco que una estrella del rock le propina a un periodista con pretensiones frustradas de estrella de rock… Sí, más allá de las latas de sopa Campbell’s y los estallidos de color que reproducen en serie el rostro de Marilyn Monroe, ese es el Warhol que me interesa: el oral. El que administraba magistralmente los monosílabos y los silencios, el que no temía contradecirse y demoler lugares sacrosantos de la cultura y de la costumbre, banalizándolos.

"En el posfacio de
I’ll Be your Mirror", señala Rodrigo Fresán en un artículo que no tiene desperdicio, "Wayne Koestenbaum define a Warhol como un 'artista vocal', alguien que hacía “cosas raras con los lugares comunes, como Chaplin o Beckett, alguien parecido a esos cantantes de standards que deforman la canción hasta volverla irreconocible pero, aun así, fiel, o uno de esos idiotas de pueblo con toques de genialidad oracular”.

"Hello, Mr. Zebra, ran into some confusion with a Mrs. Crocodile..."

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