
- Ha muerto al alba.
- Ha muerto, a la noche, mientras dormía.
- Era de noche. Fue despertado primero por una horrible pesadilla, él grita, después se duerme para siempre.
- Estaba ahí, rodeado de su familia, en medio de la cual se apaga dulcemente.
- Lo encontraron muerto en el tocador. Lo llamaron. Luego, como no respondía, forzaron la puerta: lo encontraron, doblado en dos; probablemente, estaba haciendo sus necesidades, después se cayó.
- Recibieron un telegrama del frente anunciando su muerte en el campo de honor, muerto de una bala en plena frente.
- Se derrumbó, sucumbiendo a un infarto.
- Él corría, era su ejercicio matinal para mantenerse en forma, se cayó; llevado al hospital militar (o a la asistencia pública) murió, de un paro cardíaco, a las once de la mañana;
- Murió a la mañana después de haber tomado un desayuno abundante;
- Murió, hacia las cuatro de la tarde, sucumbiendo a una indigestión;
- Murió en la mesa de operaciones: el masaje del corazón no lo pudo reanimar;
- Su mujer lo encontró muerto en su mesa de trabajo;
- Al volver del mercado, ella encontró a su anciana madre asesinada: la habían estrangulado;
- Golpearon a la puerta, él fue a abrirla, vio a los asesinos; quiso volver a cerrar, luchando con los agresores, que le tiraron al medio del pecho y le dieron en el corazón, en la garganta, en la cabeza;
- Lo ahorcaron: la lengua le colgaba de la boca;
- Se ahorcó con una cuerda, el taburete, que él había empujado con el pie, estaba ahí, a unos metros del centro;
- Murió, defendiéndose, contra sus tres asesinos: era fuerte como un turco, sangre en el suelo, huellas de bala, huellas de lucha; uno de los tres asesinos, llevado al hospital, también murió: fue cerca de él, que encontraron a los otros dos;
- Él se lanzó, sable en mano, inmediatamente fue muerto por una bala enemiga, en pleno pecho;
- Falleció después de una larga y cruel enfermedad; en su agonía, no reconoció a su padre, ni a su madre, ni a sus dos hijos que estaban a su lado; a la caída de la tarde murió;
- Él emitía ronquidos; ella le tenía la mano, desde la medianoche hasta las siete de la mañana;
- Pegó un grito, eso fue todo;
- Murió valientemente mientras lo torturaban sin haber denunciado el secreto del código, sin haber dado el nombre de sus camaradas de combate;
- Para que no le arrancasen, con los sufrimientos, los nombres de sus amigos, aprovechó un momento de descuidos de sus verdugos, se tiró por la ventana del tercer piso y se estrelló contra el suelo;
- Recibió los últimos sacramentos alrededor del mediodía y con una sonrisa de beatitud, entregó súbitamente su alma;
- Después de haber recibido los últimos sacramentos, se despidió de sus parientes, y pidió quedarse solo: lo encontraron muerto;
- Soldado y cura, sin miedo alguno de la muerte, después de una breve oración, se apagó apaciblemente;
- Dulcemente;
- Con serenidad;
- Conducida a la guillotina, ella dijo, la cabeza ya bajo la cuchilla: "Espere un minuto, por favor, señor verdugo";
- Oficial alemán superior, enemigo del tirano, fue colgado con la cabeza para abajo;
- Oficial alemán superior, colgado de unos ganchos de carnicero, murió en medio de sufrimientos atroces, injuriando, todo lo que pudo, y blasfemando contra sus enemigos: un cuajerón de sangre le salió por la boca y eso fue todo;
- Oficial superior, y conjurado, tuvo una muerte digna: bajo el cuchillo, bajo los puños, no tuvo una sola palabra de injuria, ni un grito, ni un lamento;
- No supo si era de día o si era de noche: fue ejecutado con un tiro de pistola en el corredor siempre sombrío de una fortaleza;
- Delante de los fusiles del pelotón de ejecución, el general tuvo todavía tiempo para gritar "Viva la Patria", antes de caer;
- Delante de los fusiles del pelotón de ejecución, tuvo tiempo todavía para gritar: "Banda de cochinos criminales", antes de derrumbarse;
- ¿Murió de día o de noche? La encontraron, sin vida, tirada en el piso, un domingo mientras repicaban las campanas, en su habitación, al pie de la cama;
- En el momento de los postres, murió, mientras comía las cerezas;
- Le llevaron, el día de su fiesta, un rama de flores que le produjeron visiblemente un gran placer, ella las olió, "qué bellas son y qué bien huelen", dijo, suspiró, murió.
- Después de tres días y tres noches, a eso de la mañana, después de haberse debatido, después de haber luchado paso a paso contra su terrible adversario, gritó él, ya he sufrido bastante, me rindo; es lo que hizo inmediatamente.
- Le llevaron a su cama de padecimientos las críticas elogiosas, ella pudo leerlas o se las leyeron, y la gran diva se durmió como un niño;
- Espero que mañana a la mañana tomaré el desayuno en la cama; lo traerán: "Despiértate, aquí tienes té, café, frutas, buen pan blanco calentito"; ella no quiso más, no respondió más;
- Gran poeta judío de lengua francesa, había tenido miedo, durante cuatro años, de las cámaras de gas: un día, después de la guerra se puso el tubo de gas en la boca, se durmió para siempre;
- Ella les escribió una bella carta a sus hijos para explicarles que moría para no asistir a su propia decadencia; en medio de la noche de verano se puso un largo vestido de noche blanco, se dirigió a la orilla del estanque del parque y, ya fantasma, avanzó por el agua hasta que le llegó a las rodillas, al pecho, a la garganta, al mentón, a la frente y desapareció;
- El gran poeta y gran borracho, después de haber pasado la noche divirtiéndose, ebrio, quiso atravesar la Plaza de la Concordia, a la salida de los túneles ahí donde pasaban los vehículos, fue atropellado por uno, por dos, por tres o cuatro de ellos; ningún conductor se detuvo; encontraron su cuerpo aplastado, descuartizado, destrozado;
- No, dice la Santa a sus malvados jueces, me arrepiento de mis retractaciones, mis Voces no me han mentido, se dirigió a la hoguera, fue quemada viva;
- Él ha muerto en la guerra, no encontraron su cuerpo, tal vez se encuentre allí, en esa tumba, entre los millares de tumbas anónimas;
- La mataron, o bien ella se murió de pena, gritó el moderno Romeo; tragó el veneno que encontró al lado de ella, se tendió cerca de su cuerpo y murió;
- Prefería morir, dijo, es lo que hizo;
- "¿Cómo ha muerto mi hijo?". El campeón hizo un biraje brusco, su vehículo volcó, se incendió, su hijo murió en las llamas... tal vez murió antes, justo antes;
- Sus hijos no se quemaron vivos, murieron asfixiados;
- Reía, gruñía como un cerdo o como un hombre en su agonía;
- Tití ha muerto: salió, demasiado temerario, de la barricaada, para recoger las balas perdidas, fue alcanzado por un golpe de fuego del adversario, cayó y murió cantando: "La culpa es de Rousseau";
- Ella no se vio morir, ya no tenía, desde hacía mucho tiempo, su cabeza con ella;
- Paralizado, llevado al hospital, ya agonizante, murió allí;
- Su mujer murió inmediatamente después, pensando o afirmando que iba a reunirse con él;
- Doctor, cardiólogo, jefe de servicio, cayó bruscamente al suelo en el corredor mismo de su servicio; sus internos lo llevaron hasta una cama que no le estaba destinada, que estaba destinada a sus enfermos, allí entregó su alma;
- Abrió los ojos bastante temprano esa mañana, como de costumbre; su mujer dormía todavía y, en su habitación, su hija tampoco se había despertado; debía esperar la llegada de la sirvienta, una asiática muy buena, que le llevaría el desayuno: café con leche bien caliente, pan de salvado, un durazno, un pedacito de queso gruyère. Debía esperar eso apra que sonara el verdadero despertador, en la casa; tomó su desayuno, con placer, como de costumbre; enseguida, dio un vistazo a los titulares de los diarios; luego se introdujo el supositorio que lo ayudaba a evacuar el contenido de los intestinos; aliviado, lavado, vestido, fue, rengueando, a instalarse en su sillón, en el salón-comedor (había además un segundo salón); tomó los diarios para leerlos más a fondo y hacer las palabras cruzadas, sin buenos resultados pues no era un buen aficionado; una vez en su sillón, feliz de estar en él (una vez sentado, la espalda, las articulaciones del tobillo ya no le dolían); exhaló un suspiro, La pieza estaba luminos, y ese día de septiembre hacía buen tiempo, el cielo tan claro, la luz del sol tan suave, ese azul y ese amarillo, los matices luminosos del departamento: ¡qué agradable, qué cómodo era! Desplegó el diario: un día más, dijo, un día más que viviré, un día más para mí; dio gracias al cielo, a la mañana clara, a la vida, después murió;
- Etcétera... Etcétera... Etcétera...;
- Murió en los brazos de su mujer, ella murió en los brazos de su marido;
- De su amante;
- De su primo;
- De su sillón preferido;
- Murió sobre la cresta del túmulo;
- De una bala;

- Del estallido de una granada;
- De una granada;
- Sepultado por la tierra, en el sismo;
- Enterrado antes de que lo enterraran; etcétera... etcétera...
"¿Ejercicios de estilo? ¿u Oraciones para los muertos?", en: La búsqueda intermitente. Diario íntimo, de Eugene Ionesco (1987)
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