sábado, 3 de diciembre de 2011

Cuento de camino

(Coincidiendo con una lectura de "En uso de razón", de Caupolicán Ovalles [1963])

ADVERTENCIA
Si Ud. es mayor de 18 años, puede leer el texto que sigue. Si Ud. aún no ha cumplido los 18, aunque haya lengueteado la tapa de una botella o le haya comprado suministros en una licorería a sus hermanos mayores, tenga la amabilidad de salir inmediatamente de este post... Eso sí: no deje de leer los otros, aptos para todo público según las leyes vigentes.



Eran cuatro, como los Karamazov, si contamos al ilegítimo, Pável Smerdiákov.

Eran cuatro, como los Orozco, luego que la dictadura desapareciera a los más rocheleros; o bien, si el malthusianismo y/o el sexo tántrico hubiesen disuadido al señor y la señora Orozco de gastar esas energías y esos reales.

Éranse una vez cuatro hermanos: Coscor, Cigar, Tontar y Macar. Todos de apellido Ron.

Los hermanos Ron siempre iban en el carro familiar, como Alanis Morrisette multiplicada por cuatro en el video de Ironic, hablando paja pareja. Eran todos muy parecidos, costaba distinguirlos, si acaso por el olor.

Cierta noche, por mala suerte, pasaron por una alcabala de la policía y les tocó en suerte la prueba del alcoholímetro. Naturalmente, no salieron bien librados.

“¡Pero si no atropellamos a nadie!”, rezongó Coscor, el mayor.

El verbo en presente revelaba cuán confiados estaban de sí, dejando abierta la posibilidad de un accidente.

La policía se los llevó presos, no era cosa de arriesgarse. Arresto preventivo.

A la señora Carterita Encaletada de Ron, abnegada madre, y a las tías: Li, Pizar, Mar y Ter Ron (y de paso, al ahijadito de Coscor, el pequeño Por Ron) no les alcanzaron los ahorros para pagar la fianza.

¿Fianza por qué?, dirán ustedes.

Es que eran demasiados grados alcohólicos juntos.

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