Bien podría ser aquella Sula de alma inextricable y triste destino que magistralmente "pintó" Toni Morrison en su novela homónima de 1973. Me abstengo de mostrar sus pies sureños, porque no le encontré zapatos de su talla y me pareció poco elegante mostrarla descalza, no tanto porque desentonara con su atuendo (que hasta guantes lleva), sino porque... tiene juanetes.
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